
Es escandaloso, aberrante, increíble, repugnante… que sea necesario un día en el que recordemos que esta lacra existe. La lista de adjetivos podría continuar hasta donde el vocabulario de cada cual dé de sí. Existen, por desgracia, innumerables actos humanos inmorales, pero cuando éstos afectan a los niños, seres indefensos por definición, se convierten en algo monstruoso, haciendo llegar a cuestionarnos el significado de la palabra “humano”.
Aunque parezca increíble, alrededor de 400 millones de niños son esclavos; chiquillos a quienes se les ha negado su derecho a ir a la escuela para trabajar en fábricas, prostíbulos, minas, basureros, en el servicio doméstico o en zonas agrarias. Según ha indicado Misiones Salesianas, millones de menores en la India trabajan haciendo ladrillos todo el día a cambio de sueldos miserables, 10.000 trabajan en las minas de esmeralda de Colombia, 367.000 niños son esclavos domésticos o prostituidos en Ecuador y el 38% de los menores de Perú sufren esclavitud en las minas de Suyo.
Pero nosotros, en nuestra burbuja de bienestar y consumo, no somos meros sujetos pasivos ante tal deshumanizado drama. Según ha advertido la Confederación española de religiosos (Confer), “indirectamente, esta esclavitud entra a formar parte de nuestra vida de cada día”. La asociación religiosa denuncia que “puede ser que las alfombras que pisamos estén tejidas por esclavos paquistaníes; cortinas, camisas, joyas y otros manufacturados podrían ser fruto del trabajo oculto y forzado de menores de la India; balones y juguetes de nuestros niños podrían gotear sangre de tantos menores asiáticos y caribeños”. A lo cual podríamos añadir el trabajo textil en Marruecos o las fábricas tecnológicas chinas como Foxconn. El consumo de occidente alimenta la esclavitud de millones de personas, adultos o niños…
Antes de comprar cualquier bien de consumo, plantéate el origen de lo que vas a adquirir. Elige productos elaborados, fabricados o cultivados en España o en otros países de la Unión Europea, artículos de comercio justo, alimentos ecológicos… Todos sabemos que es difícil, si no ya imposible, consumir únicamente productos limpios de sangre, exentos del trabajo de esclavos o semiesclavos, pero mirar para otro lado tampoco es la solución. Hemos de saber lo que se oculta tras la cultura del capital y aceptarlo como inevitable o luchar contra ello. La verdad nos hace libres.
La fecha de la conmemoración de este día rinde homenaje a Iqbal Masih, un niño esclavo paquistaní que logró huir de sus amos y trabajó por la libertad de otros niños hasta que fue asesinado el 16 de abril de 1995 por las mafias de fabricantes de alfombras.